Cómo ajustar la estructura de ganancias de tu equipo es un artículo obra del Ing. Juan Castillo Ortiz. El día de hoy vamos a hablar un poco acerca de uno de los puntos más trascendentes en el desempeño final de cualquier equipo de sonido automotriz, el ajuste de la estructura de ganancias, el cual tiene dos etapas. Primero se ajusta el amplificador (o amplificadores) para las medias y altas frecuencias, típicamente operando alrededor de los 100 Hertz hacia arriba, y luego el de las bajas frecuencias, con respecto al primero.





Expliquemos cómo ajustar la estructura de ganancias de tu equipo

Lo primero para entender cómo ajustar la estructura de ganancias de tu equipo es encontrar la máxima salida de audio posible del estéreo antes de distorsión. Para ello se suele utilizar un tono puro de 1,000 Hertz grabado usando todos los bits altos del formato del disco compacto, es decir, empleando los 96 decibeles disponibles del formato, es decir, a la máxima amplitud posible.

Con este tono como referencia, se busca la máxima salida de la unidad principal, antes de distorsión. Para estéreos de calidad esto se logra maximizando la perilla de volumen, mientras que para otros de menor categoría, sucede algunas rayitas abajo del tope máximo de la carrera del volumen.

Una vez ubicado el punto, se continúa el ajuste con el resto de los aparatos en el sistema, en orden, de tal forma que todos ellos dejen pasar la onda perfectamente limpia y todos se encuentren justo antes de su umbral de distorsión, ya que sólo de esa forma se puede obtener la máxima señal a ruido disponible de cada aparato.

Nótese por favor que este ajuste es crítico; sólo hay un punto perfecto para el ajuste y cualquier variación en cualquier sentido representa una pérdida de desempeño del equipo. Una vez que se llega al amplificador, a menos que éste entregue arriba de unos 500 Watts RMS para medios (potencia que hoy día sí es posible tener), hay que sacrificar un poco de la señal recortando la onda a máxima salida.

Típicamente se emplean 10 decibeles de recorte de onda para amplificadores debajo de unos 100 Watts RMS, unos 5 decibeles de recorte para amplificadores trabajando en modo puente o amplificadores de hasta unos 400 Watts, más o menos, y quizá 0 decibeles de recorte para monstruos de 500 y más Watts. El detalle aquí es que en todo el sistema hasta la entrada al amplificador, la onda siempre se maneja limpia, y es solamente el amplificador el que la va a recortar, y obviamente sólo cuando esté trabajando a sus máximos niveles de salida.

Una vez ajustados medios y tweeters, llega el momento de ajustar a los subwoofers. A los subwoofers no se les puede ajustar de la misma manera, ¿por qué? Pues porque sería una lotería que siguiendo el mismo procedimiento, empleando altavoces de diferente sensibilidad, en diferente número (¿qué tal seis subwoofers en paralelo?) y típicamente muy diferente potencia, terminen coincidiendo exactamente en la proporción perfecta de sonoridad con el resto del equipo.

Cómo ajustar la estructura de ganancias de tu equipo

Por supuesto llega a suceder, pero altamente improbable. Siendo de esta manera, una vez ajustados los medios y tweeters, que de hecho representan el 80% del sonido que escucharemos, donde más fácilmente percibiremos distorsión y la parte más delicada del equipo, llega el momento de ajustar el nivel de los subwoofers, a oído, a proporción. En la proporción exacta donde se acoplen de la manera más armoniosa con el resto del sistema, a gusto personal, cuidando por supuesto que esto no implique distorsión excesiva.

Es por esto mismo que el decir que cuatro subwoofers de 15” no pueden trabajar en el mismo sistema con un solo set de componentes de 6” adelante, ya que el set no se va a escuchar con tanto bajo, realmente no tiene sentido. Sí se va a escuchar y muy bien, si le das la justa proporción al bajo.

El bajo no tiene que abollar permanentemente las láminas de tu auto mientras destruye la cristalería de tu abuelita y te trepan a la cabeza, simplemente tiene que sonar bien y punto. ¿Acaso es esto tan difícil de entender? Muchos otros dicen: “quiero que el amplificador llene mis subwoofers”, otra frase con poco sentido. Por llenar quiero entender hacerlos trabajar al máximo, que la excursión del cono sea tan salvaje que estén a punto de llovernos pedazos de cartón en la cabeza. Si bien tal imagen resulta excitante y extrema, cuando la excursión de cualquier altavoz es máxima, también lo es la distorsión que produce.

Lo ideal sería que los conos prácticamente no se movieran, para que de esa forma casi no distorsionaran y entregaran un bajo perfectamente controlado, limpio, dinámico y delicioso. Esto no está peleado con la sonoridad; hay equipos donde se pueden usar múltiples subwoofers, para que de esa forma casi no se muevan en lo individual, sin embargo sean capaces de desplazar mucho aire, entiéndase sonar Durísimo, en lo colectivo, pero Limpio, Sin distorsión.

Habiendo platicado lo anterior, el propósito de este artículo es comentarles la importancia de que al amplificador de los subwoofers les llegue una señal de audio limpia, sin distorsión, que toda la que se produzca se deba a su ajuste, es decir, a los decibeles de recorte de onda seleccionados.

De no ser así, el amplificador podría amplificar distorsión, como si se tratase de la señal original, quizá mucho antes de haber alcanzado su límite, la cual ocurriría desincronizadamente con el resto de las frecuencias. ¿Y cuál es el origen más frecuente de esta desincronización de distorsiones?

El mal uso del ecualizador; la forma óptima de usar un ecualizador de cualquier tipo es como atenuador, no como amplificador. Si ajustamos el equipo a su máxima salida, justo antes de distorsión, cualquier amplificación en el ecualizador nos va a catapultar a distorsión prematura en tales bandas. Digo, 2 ó 3 decibeles quizá pasan, pero 10 definitivamente no, se degradaría importantemente la calidad, además de que crecería exponencialmente el peligro de daño a los altavoces.

Si necesitas tal ganancia para lograr el balance deseado, dásela en la perilla de ganancia del amplificador de los bajos, no con el ecualizador o equivalente.